A 40 años del golpe, seguimos luchando por la patria socialista

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El golpe del 24 de Marzo de 1976 no fue el primer golpe dado por las Fuerzas Armadas en nuestro país. La violencia política ya había sido ejercida repetidamente por las clases dominantes, desde el golpe de 1930, pasando por el bombardeo a la Plaza de Mayo y el golpe contra Perón en 1955, además de la dictadura de Onganía iniciada en 1966. Pero este último golpe perfeccionó todas las prácticas represivas que venían ensayándose hasta el momento: no sólo suspendió las garantías constitucionales y las libertades de todo tipo, sino que planificó y ordenó la aniquilación de las organizaciones populares y revolucionarias, a través de la detención ilegal, la tortura, la matanza y la desaparición de sus víctimas alojadas en Centros Clandestinos de Detención y Tortura. La planificación represiva fue tal que incluyó, además de la desaparición de miles de compatriotas, crímenes tan imperdonables como el robo de bebés.
Qué pasaba en la Argentina de los 70
Pero… ¿Cuál fue la causa profunda de la saña que los empresarios, terratenientes, militares y gobiernos de los países ricos descargaron sobre el pueblo trabajador? ¿Qué era lo que no podían permitir que sucediera aquí? La respuesta es sencilla: en nuestro país había una revolución en curso. Por eso es que nosotros hablamos de dictadura contrarrevolucionaria: queremos que se entienda que la represión no se descargó sobre “jóvenes idealistas que luchaban por el boleto estudiantil”, como dice el relato kirchnerista. La represión se descargó contra el pueblo y las organizaciones obreras y populares. No es una casualidad que la enorme mayoría de los desaparecidos fueran trabajadores (alrededor del 61%).
La dictadura tuvo entre sus tareas más urgentes el aniquilamiento de una tradición de lucha y resistencia obrera que durante las décadas del 60 y sobre todo en los 70, había desarrollado una conciencia profunda de sus intereses y de la necesidad de luchar por sus derechos. En muchos casos, los obreros y obreras se habían comprometido con la lucha y la política, sea participando en alguna organización revolucionaria armada o no armada, sea organizándose en tendencias combativas o comisiones internas dentro de los gremios, organizándose para impedir que los dirigentes sindicales traidores los vendan a la patronal, como sigue ocurriendo. Así protagonizaron las luchas más profundas de la historia de la clase trabajadora de nuestro país, y desafiaron el poder de los empresarios. Ese desafío es la verdadera causa del golpe genocida y el aniquilamiento del pueblo trabajador.
La teoría de los dos demonios
El retorno de la democracia permitió a las clases dominantes, apoyándose en la ausencia de los miles de militantes exterminados, hacer “borrón y cuenta nueva” sobre un pasado inmediato bañado de sangre. El gobierno de Alfonsín sembró la idea de que hubo dos demonios igualmente malos, que desencadenaron una guerra en la cual la sociedad era un rehén ajeno, y de esa política surgieron las leyes de Obediencia Debida y el Punto Final, que dieron la libertad a los asesinos. La idea de los dos demonios buscaba desterrar de la memoria a los trabajadores y al proyecto revolucionario por el que habían dado la vida… como si los militantes de los 70 no hubieran sido parte del pueblo. Es que la dictadura militar significó el triunfo de un proyecto político sobre otro: del capitalismo sobre el socialismo.
Sin embargo, fue durante el menemismo que las clases dominantes pudieron instalar el neoliberalismo, indultar y liberar a los pocos genocidas que seguían presos y llamar a la “concordia” y la reconciliación, intentando infructuosamente que las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo abrazaran a los torturadores y apropiadores de sus hijos/nietos.. Pero con la Rebelión popular de Diciembre del 2001, el pueblo argentino despertó de su larga pesadilla, pellizcado por el terrorismo económico y la pobreza a la que lo habían sometido, y abrió una nueva etapa histórica.
Expresión deformada de la voluntad rebelde del pueblo trabajador, la política kirchnerista debió realizar una larga serie de concesiones a las masas populares, entre ellas, en el terreno de los derechos humanos. Apoyándose en una lucha de casi 30 años en busca de Verdad, Memoria y Justicia, el kirchnerismo dio impulso a los juicios a los responsables del terrorismo de Estado, pero vaciando de contenido la lucha revolucionaria de los años 70, por la que luchó el pueblo y la militancia con sus muertos y desaparecidos. Sin embargo, el haber caratulado los crímenes como de “lesa humanidad” y apelado a que sean juzgados por genocidio, abrió el camino a que se volviera a discutir el pasado reciente y se desnaturalizaran ciertas ideas comunes, como la de los dos demonios, moldeadas por “la historia oficial”.
Asistimos a una nueva ofensiva
Pero más allá de las batallas jurídicas (que dejaron en el tintero los juicios a responsables civiles y religiosos de la dictadura) y de los avances en derechos humanos (limitados sólo al pasado sin atender a los problemas presentes: desaparición de Jorge Julio López, represión y gatillo fácil, represión a pueblos originarios, designación de personajes como Milani al frente del Ejército, ley anti-terrorista, proyecto X), debemos señalar que hubo también un relato kirchnerista sobre la dictadura, según el cual el golpe vino a instalar el neoliberalismo destruyendo a los “empresarios buenos” y poniendo a los “malos”. No fue así: nuestros compañeros fueron masacrados porque cometieron un delito imperdonable: luchar por un mundo mejor. Pero ese mundo mejor no era el capitalismo en serio, ni la democracia en la cual votamos cada 2 o 4 años y después ni sabemos qué hacen nuestros “representantes”. Nuestros compañeros lucharon por el socialismo.
Hoy, 40 años después, asistimos a un nuevo intento de ofensiva por parte de la burguesía sobre nuestras condiciones de vida. En este caso con un gobierno mucho más afín a sus intereses históricos e inmediatos, marcando un cambio de etapa en la argentina. Semejante cambio fue posible por manipulación mediática, doble discurso de la derecha y errores del kirchnerismo pero también, hay que decirlo, por incapacidad de las fuerzas populares de construir una fuerte alternativa política.. Sobre las ruinas del proyecto “de crecimiento con inclusión social”, que lejos de avanzar en la soberanía intentó que el empresariado argentino fuese responsable -y éste respondió fugando dinero, fundiendo el Estado y endeudándolo nuevamente- se eleva el gobierno de Macri, con un libreto neoliberal que ya despidió más de 100.000 trabajadores y endeudó a las futuras generaciones por 12 mil millones de dólares. A esta película ya la vimos, no son los ñoquis ni la corrupción kirchnerista, el problema es que necesitan los salarios bajos que la desocupación genera, y una Argentina para pocos de la mano del ingreso de dólares para sus negocios relacionados con EEUU. Hay que construir un proyecto donde el sujeto sean los trabajadores.
Por qué nos movilizamos
40 años después nos movilizamos, pero no sólo para pedir por la memoria, la verdad y la justicia sino también para levantar las banderas de nuestros compañeros y compañeras. Hoy como ayer, luchamos por el socialismo y la revolución. Cuando decimos que “no olvidamos, no perdonamos y no nos reconciliamos”, como dice la consigna de HIJOS, estamos diciendo también que reconocemos en nuestra lucha de las compañeras y compañeros. Levantamos sus consignas y las banderas del guevarismo del PRT-ERP, con la sabiduría que nos brinda el tiempo, la experiencia, las autocríticas y los balances, a sabiendas de que corren tiempos distintos, pero con la convicción de que el horizonte sigue siendo el mismo: construir una nueva sociedad justa, libre, sin opresores ni oprimidos.
Es imposible no pensar la lucha por los derechos humanos como algo que va más allá de los 70 porque el escenario ha cambiado, no sólo seguimos pidiendo justicia para los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la Dictadura. Hoy, el Estado nacional sigue utilizando sus fuerzas represivas para criminalizar a los pobres, reprimir a los trabajadores, desaparecer pibas y matar pibes de las villas.
La provocación de que en una fecha en la que exigimos justicia por los miles de muertos y desaparecidos venga a nuestro país el representante máximo del imperialismo, que asesina a miles y miles de personas en el mundo por día, es un mensaje envuelto de significativo simbolismo. La visita del presidente de los EEUU, Barak Obama, no sólo tiene por objetivo consolidar el apoyo imperialista al gobierno de Mauricio Macri (quien mejor representa la política de cuidar lo que ellos consideran “su patio trasero”) sino que se realiza el día del aniversario del Golpe contra-revolucionario, que violó sistemática y masivamente los derechos humanos en nuestro país insertándolo en un plan regional diagramado por el imperialismo yanqui quien fue sostén material e ideológico de las dictaduras en Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Paraguay, etc.
Este 24 de Marzo tenemos que ser cientos de miles en la calle, para mandar a Obama a su casa, para pedir por Memoria, Verdad y Justicia, para volver a tomar las banderas que levantaron nuestras compañeras y compañeros hace más de 40 años. Hoy más que nunca ¡estamos dispuestos a vencer!

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